NFC por una Smart City.

Las tecnologías de la información y las comunicaciones favorecen al cambio de nuestras costumbres y modos de vida hacia otras formas más eficientes. Nos vemos obligados, para optimizar nuestro tiempo y aprovecharnos de los avances tecnológicos puestos en nuestras manos y disfrutar de una mejor calidad de vida, a desaprender las viejas maneras de comunicarnos para asimilar otras más en consonancia con los tiempo tecnológicos que corren. Con ello también se favorecen nuestras ciudades, lugar donde se puede apreciar el desarrollo de nuestra sociedad, donde confluyen todos los adelantos alcanzados gracias a la invención constante del hombre.   

 

Con la aparición de las TIC y la Web 2.0 y próximamente la web 3.0, el antiguo concepto de tecnología, visto únicamente como incrementadora del rendimiento final, ha quedado atrás definitivamente. Ahora las nuevas tecnologías no buscan solamente el mayor beneficio posible. Además de incentivar la producción se interesan por otros aspectos como el social, el bienestar de los propios ciudadanos y el beneficio medio ambiental.

 

En tan solo quince años se prevé que el 60% de la población mundial viva en las ciudades. Este desplazamiento hacia las grandes urbes se debe en gran medida a lo atractivo que puede ser la vida en la ciudad gracias a la concentración de los recursos, de centros comerciales, de salud, de negocios y culturales, con el correspondiente incremento en el nivel de vida de sus pobladores. Ante esta previsión ya se están poniendo todos los esfuerzos en convertir los espacios urbanos en entornos eficientes y sostenibles, retos que reclaman el desarrollo y la transformación de nuestras ciudades en espacios inteligentes al servicio del ciudadano. Ante esta situación surgen las Smart City o Ciudades Inteligentes (o eficientes) en su traducción al castellano. Para la tecnología NFC se descubren nuevos campos de aplicación, o más bien los mismos que citábamos en páginas anteriores pero a dimensiones mayores: su vinculación a la estructura de una ciudad inteligente.

 

La tecnología NFC tiene la característica que obvia dos de los elementos de la comunicación, el emisor y el receptor, para centrarse en el mensaje. Al acercar nuestro teléfono inteligente a la etiqueta NFC, ésta entra en el radio de acción del campo electromagnético (o canal que permite la comunicación) que genera el dispositivo móvil y que proporciona la energía necesaria para que el intercambio de información sea posible. El impulso electromagnético generado envía una alerta a una web que hace posible que la información se visualice automáticamente en la pantalla de nuestro smartphone. Pero dicha información no es la única que se genera. Para expresarnos en términos afines a la tecnología NFC, al “interrogar” una etiqueta se generan además otros datos como el punto de contacto o etiqueta interrogada y su localización, las cuales son almacenadas en una base de datos. Precisamente por la capacidad de hacer posible que la información viaje en varios sentidos, NFC se convierte en una herramienta muy útil para dotar a la ciudad, sin importar sus dimensiones o la cantidad de habitantes, de un nuevo sistema de gestión de la información más cercano al ciudadano y por consiguiente más eficiente, pues el acceso a la información es prácticamente inmediato, además de incentivar la necesidad de comunicarnos, de colaborar y de ampliar las formas de diversión. La aplicación de esta tecnología NFC como parte de la implementación del concepto smart en las ciudades dinamiza los procesos de información a los ciudadanos en el ámbito metropolitano, pero no debe quedarse únicamente ahí. En núcleos reducidos de población y en ámbitos rurales resulta de especial interés ya que estas zonas sufren de una serie de problemas recurrentes como las dificultades de acceso, debido a su aislamiento geográfico o la imposibilidad de ofrecer a los ciudadanos información actualizada sobre los servicios, tanto públicos como privados, que pueden encontrar en su área geográfica o en otros lugares cercanos, en caso de no disponer de los mismos su entorno.

 

En la era de la revolución tecnológica, del surgimiento de la web 3.0 y el DNI 3.0 de reciente incorporación en España, también surge el ciudadano 3.0 y la ciudad 3.0 como términos modernos para describir nuestras capacidades tecnológicas. Aunque para disfrutar de las ventajas que nos aporta  la tecnología NFC no necesitamos ser expertos en nuevas tecnologías. La interacción del usuario con la tecnología NFC es muy fácil e intuitiva y sólo les separa un gesto físico: con  la acción de acercar el teléfono a la etiqueta NFC accedemos directamente a la información que necesitamos.

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Para que la Ciudad Inteligente sea una realidad es necesaria la implicación  de la administración pública como impulsora y defensora de la iniciativa, en estrecha colaboración con el sector privado, que será quien lleve a cabo una parte de las inversiones.  Los beneficios son incalculables para todos, tanto a corto como a largo plazo. El ciudadano que se sirve de esta herramienta para acceder a la información y a los servicios que necesita, obtiene respuesta inmediata, con el añadido que, gracias a la funcionalidad de la web 2.0 puede interactuar con el sistema, puede acceder a las redes sociales para interactuar y opinar sobre estos nuevos servicios. Con ello ayudará a extenderlos y estandarizarlos para que en poco tiempo se vean como sistema habitual en la vida de cada una de nuestras ciudades. Sin dudas NFC es, en cuanto a adelantos tecnológicos en función del bienestar y el aumento de la calidad de vida de todos, el futuro inmediato. Esta inmediatez viene dada por otras facilidades que nos regala. En próximos post seguiremos hablando de cómo es posible introducir la tecnología NFC en nuestras ciudades. 

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